La noche era limpida como la patena. El cielo, con su oronda y lechosa luna, cuajado de brillantes estrellas desplegaba toda su luz. La noche era calma y calurosa, y nos acogía en su seno, como sólo una madre sabe hacerlo. Desde aquí podemos contemplar el firmamento, recorrerle, y fundirnos con él. Si por mi fuese, detendría la noche.
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miércoles, 17 de junio de 2009
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